jueves, 17 de octubre de 2013

Durmiendo con el enemigo


Masiosare Becerril

Para Elena, el calvario empezó la misma noche de bodas. Nunca había tenido relaciones sexuales. Ella experimentó una serie de emociones: se sentía feliz por comenzar una vida con su pareja. Pero la actitud violenta de él y el miedo a lo que pudiera pasar, convirtieron esa noche en el principio de una serie de abusos sexuales que duró cerca de 4 años.


 
La violencia sexual es un acto que enmarca agresiones como las verbales, el hostigamiento y hasta su extremo más grave, la violación. Estas actitudes que lastiman y vulneran a la mujer, se dan también dentro del hogar, de manera cotidiana y el ejecutor es el propio esposo, quien bajo presiones físicas y mentales somete a su mujer, la obliga a mantener relaciones sexuales.

La doctora Juana Núñez Flores, directora de la Asociación de Sobrevivientes de Abuso Sexual, señala que: “La violación es cualquier intento de llevar a cabo una relación sexual sin consentimiento; se puede dar incluso dentro del matrimonio cuando la mujer es obligada por su cónyuge”. 

En la experiencia de la especialista, el proceso de recuperación es difícil y doloroso, requiere de constancia y disciplina. “No son soluciones mágicas, pero se puede salir adelante. Las situaciones traumáticas presentan secuelas a corto y largo plazo, como el síndrome postraumático, en el cual de inicio, no se acepta la situación, seguido por reacciones como el aislamiento, que forma parte de un proceso de depresión; la vida de la víctima cambia: deja de realizar actividades que antes hacía, siente miedo de relacionarse con la gente, no sólo por el mismo temor que le produce, sino para 'proteger' a su esposo, pues teme la desintegración familiar”. 

La experta explica que hay dos situaciones claves a atender cuando ocurre una violación: “Se debe buscar el apoyo y acompañamiento de la familia. El hecho en sí es una experiencia dolorosa: desde vencer el temor de hablarlo, presentar la denuncia y el trabajo de recuperación. Se requiere de amor, solidaridad y comprensión para la víctima. Por otro lado, la unión familiar es imprescindible, ya que permite detectar cambios en el comportamiento de alguno de los miembros, como un indicador de que algo no está bien”.

Los sucesos significativos de nuestra vida, ya sean positivos o negativos, dejan una huella imborrable. Pero esto no termina con tu existencia: Hoy estás viva y tú no dejaste de ser inteligente, de ser buena hija, madre,  hermana o amiga; no has perdido tu capacidad de amar, de ser tenaz, de esforzarte por lograr las metas que ya tenías planteadas. Todas las cualidades que poseías antes de atravesar por esta dolorosa experiencia y que te hacen única e irrepetible, no desaparecieron: son tu esencia y permanecerán contigo siempre.


En tu dignidad encontrarás una aliada para recuperarte a ti misma y volver a ser la mujer emprendedora que siempre has sido.



Colaboración de Fundación Teletón México.
“El compromiso es una decisión, no un acto obligatorio”.


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